La fotografía minimalista es un enfoque estético que se deriva de los principios del arte minimalista del siglo XX. Surge de la idea de reducir al mínimo los elementos de composición, como color, objetos, formas y texturas, con el objetivo de expresar un concepto de manera distintiva y provocar respuestas emocionales en el espectador.

El movimiento de la fotografía minimalista se remonta a la década de 1950 en Estados Unidos, conocido también como arte minimalista o arte ABC. Su característica más esencial es la simplicidad máxima y un enfoque imparcial. Los fotógrafos minimalistas utilizan una paleta restringida de colores y formas simplificadas para crear imágenes que enfaticen la sencillez y la claridad conceptual.

En la técnica de la fotografía minimalista, se busca reducir los elementos visuales a lo esencial. Esto implica el uso limitado de colores, formas y texturas para lograr un efecto visual poderoso. La simplicidad, las repeticiones y las formas geométricas son características distintivas de este estilo. Por ejemplo, al capturar paisajes como montañas u océanos, se busca presentarlos como vastos espacios abiertos, utilizando una composición que elimine elementos distractores como personas o edificios.

La elección del momento para capturar estas imágenes también es crucial. Los fotógrafos minimalistas a menudo prefieren tomar fotos temprano en la mañana, al amanecer o durante la noche, cuando el entorno está tranquilo y desprovisto de multitudes, lo que permite una composición más ordenada y simplificada.
En resumen, la fotografía minimalista busca transmitir un mensaje o una emoción a través de la economía visual, eliminando lo superfluo para centrarse en lo esencial. Es un estilo que invita al espectador a interpretar y reflexionar, permitiendo que la experiencia visual sea más personal y evocadora.



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