Hacer fotografía en exteriores puede ser una experiencia increíble: la luz natural, los colores del entorno y la posibilidad de jugar con distintos escenarios son grandes aliados. Pero muchas veces, el error más común es llevar demasiado equipo.
La clave está en encontrar un equilibrio entre versatilidad y comodidad.
Aquí te dejo tres consejos básicos para lograrlo:
1. Lleva solo lo esencial: una cámara, un lente versátil y baterías extras
No necesitas cargar con toda tu mochila. Un lente zoom de rango medio (24–70 mm o 18–55 mm) es ideal para parques, plazas o calles. Te da flexibilidad para retratos y planos más abiertos sin tener que cambiar lentes constantemente.
Lleva baterías cargadas y una tarjeta de memoria adicional; son pequeñas y te evitarán interrupciones innecesarias.

2. Aprovecha la luz natural, pero lleva un reflector portátil
La luz es tu mejor amiga al aire libre. Evita las horas de sol más duro (entre 11:00 y 15:00) y busca sombras suaves bajo árboles o estructuras.
Un reflector 5 en 1 o uno simple de color blanco es ligero y puede mejorar mucho tus retratos, suavizando sombras o dando un toque cálido sin necesidad de flashes o luces grandes.

3. Comodidad ante todo: mochila ligera y accesorios prácticos
Elige una mochila ergonómica y resistente al agua, sobre todo si harás caminatas o sesiones largas.
Un mini trípode o monopod puede ayudarte en tomas estables sin ocupar tanto espacio como un trípode grande.
Y no olvides un paño de microfibra y una botella de agua: detalles pequeños que hacen la diferencia cuando trabajas horas en exteriores.

Fotografiar en exteriores no se trata de quién lleva más equipo, sino de quién sabe adaptarse a la luz y al entorno.
Con solo lo esencial, puedes moverte libremente, mantenerte cómodo y concentrarte en lo más importante: crear imágenes con emoción y propósito.

