El papel fotográfico leptográfico, inventado por José Martínez Sánchez y posteriormente perfeccionado por J. Laurent, se introdujo con el propósito de obtener copias en positivo y fue patentado en 1866.

Consistía en una preparación única que ofrecía ventajas significativas en comparación con otras opciones de mercado. Se añadió una capa adicional de sulfato de bario entre el soporte y la suspensión, proporcionando una estabilidad química superior al papel seco. Este proceso lo hacía fácil de transportar, almacenar y con una duración prolongada hasta el momento de la impresión. El soporte del papel, extremadamente fino, se presentaba en tres terminaciones: ordinario, semi-porcelana y porcelana.
Aunque el papel fotográfico leptográfico recibió elogios por sus ventajas técnicas, no logró un impacto significativo. La Sociedad Francesa de Fotografía (SFP) no profundizó en la valorización de estas ventajas, lo que impidió que pudiera reemplazar a los papeles fotográficos más establecidos en el mercado en ese momento. Su comercialización se vio obstaculizada por su elevado precio y la susceptibilidad a arañazos en las copias, llevando a su declive frente a nuevos procesos fotográficos. Aunque actualmente se conservan ejemplares en museos dedicados a la fotografía, el papel leptográfico es recordado por su intento pionero y los desafíos históricos que enfrentó en su introducción al mercado fotográfico.»