En fotografía de retrato puede ocurrir algo muy común: el o la modelo llega a la sesión con la esclerótica enrojecida (la parte blanca del ojo). Esto puede deberse a cansancio, irritación, alergias, sequedad ocular o falta de sueño, y aunque es algo normal, en fotografía puede llamar demasiado la atención y restar frescura a la imagen.
Afortunadamente, hay varias formas de manejarlo durante la sesión.
1. Descanso antes de empezar
Si el enrojecimiento es leve, una pausa de 10 a 15 minutos puede ayudar bastante.
Pedir al modelo que cierre los ojos unos minutos o que evite mirar luces intensas permite que el ojo se relaje.
2. Evitar luces demasiado fuertes
Luces muy directas o intensas pueden acentuar el enrojecimiento.
Lo ideal es usar:
- Luz suave
- Difusores
- Softboxes
- Iluminación indirecta
Esto no solo mejora la piel, sino también la apariencia de los ojos.
3. Gotas lubricantes (lágrimas artificiales)
Muchos fotógrafos profesionales tienen en su kit lágrimas artificiales.
Estas ayudan a hidratar el ojo y suelen reducir el aspecto rojizo en pocos minutos.
(Siempre es recomendable que el modelo confirme que puede usarlas y que no tenga sensibilidad a ellas.)
4. Dirección de mirada y encuadre
Si el ojo está muy rojo, puedes:
- Usar ángulos donde el blanco del ojo sea menos visible.
- Pedir miradas más relajadas o ligeramente hacia abajo.
- Usar profundidad de campo reducida en retratos cerrados.
Esto puede disimular bastante el problema.
5. Corrección en postproducción
Hoy en día es muy fácil corregir la esclerótica en edición.
En programas como Lightroom o Photoshop se puede:
- Reducir la saturación de los rojos.
- Ajustar ligeramente la luminancia.
- Blanquear suavemente la esclerótica sin que se vea artificial.
El secreto es no exagerar, porque ojos demasiado blancos se ven poco naturales.
Un detalle que el fotógrafo debe observar
En retrato, los ojos son el centro emocional de la fotografía. Estar atento a pequeños detalles como la esclerótica enrojecida demuestra profesionalismo y cuidado por la imagen final.
A veces, una buena fotografía no depende solo de la cámara o la luz, sino también de la capacidad del fotógrafo de observar y resolver pequeños detalles antes de presionar el obturador.

